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La vida tranquila de Nagyrev, una pequeña ciudad húngara, fue sacudida entre 1914 y 1929 por una serie de asesinatos sistemáticos que terminaron convirtiéndolo en uno de los enclaves más inquietantes de la crónica negra europea.
En este lugar remoto, docenas, posiblemente cientos, de hombres murieron en circunstancias sospechosas, todas ellas esposas de mujeres de la ciudad que compartieron un secreto mortal.
La llegada de la Primera Guerra Mundial causó una crisis social y económica que alteró profundamente las costumbres locales.
Los hombres fueron enviados al frente y las mujeres quedaron solas, muchas veces sin recursos y sujetos a matrimonios forzados o violentos.
La desesperación y la falta de partida empujaron a muchos a buscar soluciones extremas.
Entre ellos, algunos comenzaron a usar veneno para deshacerse de sus maridos. La sustancia elegida fue arsénica, extraída ingeniosamente de los documentos de Matamancas, un producto común en casas rurales.
El papel clave de la partera: “El ángel de la muerte”
La figura central en esta trama fue Julia Fazekas, La Comadrona del Pueblo. Su reputación como sanador y consejero le permitió entrar a casi todas las casas sin plantear sospechas. Pero además de asistir a los nacimientos, Fazekas enseñó a otras mujeres cómo preparar veneno y ofreció ayuda para encubrir crímenes. Se estima que unas 50 mujeres participaron activamente en los asesinatos, siguiendo sus instrucciones.
En palabras recolectadas años después: “Si alguna mujer tuviera problemas con su esposo, Julia sabía cómo ayudarla”. La red tejida por la partera fue tan discreta como efectiva; Durante años, las muertes se atribuyeron a causas naturales o accidentes domésticos.
Descubrimiento y escándalo internacionales
El caso salió a la luz en 1929, cuando una queja anónima alertó a las autoridades sobre el número inusualmente alto de muertes masculinas en Nagyrev. Después de las exhumaciones y el análisis forense rudimentario para el tiempo, los investigadores encontraron rastros arsénicos en numerosos cuerpos. El escándalo era capital: se estima que al menos 45 hombres murieron de envenenamiento, aunque algunas fuentes elevan la cifra a 300 víctimas.
Los arrestos pronto llegaron. Muchas mujeres confesaron después de largas horas de interrogatorio, señalando el abuso y el abandono y las principales razones de sus acciones. Julia Fazekas fue arrestada pero nunca fue juzgada; Murió antes del proceso final.
Un contexto social explosivo: hambre, violencia y desesperación
Los testimonios posteriores muestran que el fenómeno no puede entenderse sin analizar el entorno social de las personas:
Matrimonios dispuestos desde la adolescencia. Violencia doméstica normalizada. Publicidad extrema después de la guerra. Entidad legal total para mujeres.
En palabras recopiladas por cronistas locales: “Las mujeres no tenían voz ni voto; el único poder era decidir sobre la vida o la muerte del hombre”.
Perfil psicológico y social: ¿víctimas o verdoso?
El perfil colectivo de los asesinos está lejos del estereotipo criminal clásico. Eran mujeres jóvenes y adultas sin capacitación o recursos, a menudo analfabetos y económicamente dependientes. Sin embargo, su capacidad para organizar y ocultar crímenes durante años revela inteligencia práctica y una gran capacidad para leer su entorno.
Algunas características comunes se destacan:
Búsqueda desesperada de libertad. Remordimiento total al declarar los hechos. Relación ambivalente con Julia Fazekas, vista como protectora y líder. La solidaridad de las mujeres frente al sistema patriarcal rural.
Anécdotas, curiosidades y consecuencias
Algunas historias contadas por descendientes e investigadores muestran detalles sorprendentes:
El veneno se administró disuelto en sopas o bebidas calientes durante las reuniones familiares. Las mujeres de Varias confesaron haber ayudado también a las amigos cercanos a deshacerse de los esposos violentos. Los funerales se organizaron rápidamente para evitar inspecciones médicas. Después del escándalo, Nagyrev fue estigmatizado durante décadas; Incluso hoy algunos habitantes evitan hablar sobre el tema.
El impacto internacional fue enorme; Los periódicos británicos y franceses bautizaron el lugar como “los pueblos asesinos”, mientras que los sociólogos y psiquiatras estudiaron el caso como un ejemplo extremo de poder femenino bajo presión social.
Legado e impacto cultural
Hoy, 25 de agosto de 2025, Nagyrev sigue siendo objeto de investigación histórica y cultural. La historia inspira novelas, documentales y debates sobre género, violencia doméstica y justicia social. El caso plantea preguntas incómodas sobre hasta qué punto puede llegar un grupo social cuando se priva sistemáticamente de los derechos básicos.
En resumen, Nagyrev es mucho más que un pueblo marcado por el crimen; Es un símbolo brutal del choque entre la opresión estructural y la resistencia desesperada.