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La industria textil advirtió que está en riesgo

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La industria textil argentina está pasando por una de las crisis más profundas en los últimos años. De la Fundación Pro Team, advirtieron que la apertura de las importaciones, la caída del consumo y la falta de financiamiento están dejando a miles de empresas en el campo al borde del colapso. La situación afecta a toda la cadena de retrottiles y ropa, generando preocupación por la pérdida de empleos y la destrucción del marco productivo nacional.

En este contexto, la decisión del gobierno de reducir los aranceles a productos importados, como telas, calzado y ropa, generó un fuerte rechazo en las cámaras del sector como FITA y la UIA. Ambas entidades están de acuerdo en que la competencia desigual se profundiza en productos de países que tienen menores costos laborales e fiscales.

“Nos usan como un chivo expiatorio del sistema productivo”

Dado que el tejido Pro, presidido por Luciano Galfione, señalaron que el deterioro actual es el resultado de una combinación de factores. Entre ellos, la pérdida de poder adquisitivo, que impactó completamente en el consumo de ropa y la apreciación del tipo de cambio, que redujo la competitividad de la industria nacional.

“Hay un prejuicio enraizado sobre nuestro sector”, advirtieron desde la fundación. “Nos usan como un chivo expiatorio de todo el marco industrial. Pero la industria textil genera empleo, incorpora innovación y refuerza la soberanía productiva”, agregaron.

Las PYME textiles son las más expuestas, ya que tienen poca capacidad para mantener sus operaciones contra un escenario recesivo. Muchos de ellos ya enfrentan dificultades para enfrentar costos fijos, lo que podría conducir a más cierres durante el segundo semestre.

Reclamaciones de medidas urgentes y protección de consumo

Entre las propuestas en el sector se encuentran el alivio fiscal, el acceso al financiamiento y el control más estricto sobre las importaciones. Desde el equipo profesional, advirtieron que los productos textiles llegan al país a precios artificialmente bajos, sin controles efectivos, lo que pone en riesgo la producción local.

También exigieron una reforma fiscal federal, normas que regulan el uso de sustancias dañinas en textiles y un etiquetado transparente. Aclararon que no se oponen a la competencia, sino que exigen condiciones justas de competencia.

En medio de la crisis, intentaron abrir un canal de diálogo con el gobierno y el Congreso. Mientras que en el lado ejecutivo “no hay interés en una política industrial”, encontraron receptividad en el campo legislativo, particularmente en la Comisión de las PYME.

Finalmente, enfatizaron que sin el consumo interno no hay salida. “Para obtener más conciencia que existe, si las familias no tienen recursos, el impacto en la demanda será mínimo”, advirtieron, y mantuvieron el curso económico que impulsa Javier Milei para profundizar el deterioro del sector.

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