EL GRAN DANIEL

Escrito por Rubén David Oliva

Hay futbolistas que marcan la historia y pasan a formar parte de la leyenda. Son los que conforman el Olimpo de cada club, los qué el hincha se enorgullece de sentir propios. En Liniers, recuerdan a Don Pepe Amalfitani el fundador de casi una historia, a Don Victorio Spinetto con la garra y el alma del Fortín, a Carlos Bianchi el goleador temible y el técnico que nos llevó a la gloria, y José Luis Chilavert como "El" ídolo máximo y futbolista terriblemente ganador. Junto a ellos, un diferente, Daniel Willington.

Nacido el 1 de septiembre de 1942 en Santa Fe, hijo de padre mediocampista, un hombre batallador que muda a toda su familia hacia Córdoba por lo que poco tiempo, sobre la base a sus andanzas, se transformó para siempre en "El Cordobés". Allí, en la docta, dirige su vida hasta que a los 20 años, Vélez Sarsfield puso sus ojos en ese enganche que llegaba al gol e intimidada al desequilibrar con una gambeta sorprendente.

Los más jóvenes se preguntarán ¿cómo jugaba? Sintetizado en la palabra del maestro del periodismo -ya desaparecido- que firmaba con el seudónimo de Juvenal: "Era un futbolista diferente porque quebraba la cintura con la soltura de los delanteros de menor porte y escondía la pelota con su físico prodigioso. Era guapo". Poco a poco, su habilidad se transformó en la carta que hacía de Vélez un equipo imbatible en el Fortín. Aunque, la pegada haya sido una de sus virtudes llamativas en aquella década del 70 en la que se jugaba con una pelota mucho más pesada que la actual y sin embargo, en sus remates reunía fuerza y precisión.

Rápidamente se hizo ídolo de la hinchada que coreaba su nombre y lo despedida con el clásico Cordobés! Cordobés! Fue referente del equipo pese a ser uno de los de menor edad por su valentía a la hora de encarar y jugar aún en los campos difíciles y los rivales más duros y además porque Don Pepe amalfitani la elegía como su preferido. Esto le permitía arreglarlo mejores contratos.

A propósito, Daniel recuerda una anécdota: Llego a Vélez, en el primer entrenamiento fui y le pregunté a uno de los jugadores grandes cuánto ganaban para saber si había firmado bien o mal el contrato y cómo manejarme". Entonces, me respondieron que eso no se pregunta. Ya te vas a dar cuenta sólo. Pasó el año, jugué y me transformé en figura. En la pretemporada ellos me vinieron a preguntar, ¿che Córdoba por cuanto firmaste? Yo sonreía y le decía Aaahhh, te acordás cuando llegué y te pregunte y qué me dijiste? Bueno yo aprendo rápido. Esas cosas no se preguntan", y me moría de risa.

- En aquellos tiempos era mucho más difícil para un jugador del interior cuando llegaba a la capital. ¿quiénes fueron los que te ayudaron? -

Mis padres, Don Pepe y el club, por supuesto. Siempre dije que Vélez es mi casa. Tuve una relación especial con Amalfitani que era un hombre cerrado, grande de edad pero que conmigo se transforma en un chico. No sé qué habrá encontrado en mí? Me protegió. Cada vez que venía alguno de los equipos grandes a buscarme, al final el pase no se concretaba por el tema de mi conducta. El lo sabía. Igual me llevó. Me dijo: "Yo confío en vos no me hagas quedar mal". Y desde ahí me trató con un hijo me administraba la plata y me enseñó a caminar...

- ¿Qué era eso de la conducta? -

A mí me gustaba mucho ir a bailar, eran bailes difíciles. Mucha noche. Nada raro. La vida nocturna no estaba bien vista en un futbolista. Don Pepe me cubría porque sabía que el domingo yo le rendía.

- Y te diste el gusto de ser campeón con Vélez? -

Si fuimos justos campeones. Una polémica muy grande durante años pero todos sabemos que el periodismo habla pavadas. El campeonato lo ganamos bien porque éramos los mejores y punto...

 

Por Rubén David Oliva

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