PLANIFICAR PARA NO LAMENTAR

Escrito por Nicolas Di Pasqua

 

 

Mientras la actualidad futbolística alterna entre altas y bajas por la búsqueda de una nueva vuelta de tuerca a la idea de juego propuesta por Gabriel Heinze, el tema Thiago Almada pone otra vez sobre la mesa la capacidad de maniobra de nuestros dirigentes en tiempos donde la demora expone a la posibilidad de perder patrimonio de manera innecesaria. En primer lugar para analizar estas cuestiones hay que tener en cuenta dos cosas: el escenario local con jugadores que desean progresar rápidamente a ligas más rentables, apoyados por inescrupulosos representantes que a veces olvidan el deseo del protagonista para refrendar un buen negocio, y la improvisación a la que está acostumbrado nuestro fútbol, que hace complicada cualquier planificación institucional en materia futbolística. 

Claramente ambos aspectos, sumados a la situación socioeconómica nacional y a la falta de cobertura que hoy tienen los clubes en el tramo final de sus contratos desde que se eliminó el periodo de extensión contractual por el 20%, influyen negativamente en la posibilidad de sostener eficazmente el patrimonio y de evitar a buitres que prometen dólares y fama con un feroz sentido del oportunismo. 

Esta situación no ocurre sólo acá en la Argentina. Tampoco le sucede sólo a Vélez Sarsfield. Y ni siquiera planteo desde estas letras lo que suceda con algunas perlas de divisiones inferiores que puedan emigrar antes de firmar su primer contrato.Aquí ya juegan otros temas más complicados como la patria potestad. Sin embargo, la repetición de casos y la importancia de los jugadores que el Club está perdiendo sin obtener beneficios -aún cuando ofrece el escenario de capitalización, como ocurrió con Pavone, Zárate y los problemas del caso Almada-, requiere un análisis crítico puertas adentro de la institución. 

Desde hace varios años Vélez adolece de planificación. Incluso la etapa reciente más exitosa del club careció de un rumbo claro más allá de los resultados y de la idea de juego que impregnó Ricardo Gareca. La dirigencia centró siempre su mirada en el corto plazo y en el resultado obtenido para tomar decisiones. Así permitió que el club fuera rehén de los entrenadores firmando contratos anuales que se renovaban a condición de refuerzos -esto vuelve a ocurrir ahora con Heinze- tratando de eludir el costo político de una decisión más conveniente en lo institucional que en el rédito electoral posterior. Los directivos en la mayoría de los casos esquivan su responsabilidad de decisión ante temas sensibles. Intentan manejar con cintura este tipo de temáticas con la voz del hincha como termómetro. 

Temen renovar un contrato por si las cosas salen mal, sin tener en cuenta que el destiempo le cuesta al club dinero, y muchas veces la pérdida de un protagonista importante. La decisión necesita riesgo y base en un plan fundamental. Sin plan todo es muñeca. Y después aparecen las excusas. El tema de los representantes ya es altamente conocido como para seguir tomándonos por sorpresa. Ya no es una razón que funcione como pretexto ante casos como el de Almada o anteriores. 

Ya no es una razón que funcione como pretexto ante casos como el de Almada o anteriores. Un dirigente deportivo debe conocer esta realidad y accionar en consecuencia para quitarle posibilidad de presión cuando el tiempo apremia. Es esencial moverse con agilidad y no depender del resultado -o de actuaciones individuales- para decidir el camino a seguir en el fútbol del club. Este tema como el déficit mensual, un asunto que parece no tener solución gestión tras gestión, ofician de alarma importante sobre la actuación dirigencial. 

No hay plan. El plan es seguir el resultado. Es tomar ciertos riesgos como la contratación de Heinze y encomendarnos a la suerte para decidir el próximo paso. Este formato es más seguro en lo político. Sirve para mantener votos de cara a la continuidad en el poder, pero a nivel institucional sólo produce incertidumbre y riesgo. En tiempos donde Vélez aún necesita vender algún jugador para emparejar una economía que nunca disfruta de comodidad, sería interesante y hasta indispensable construir un plan que priorice el capital del club y no la especulación proselitista.

 

Por Nicolás Di Pasqua

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