LA ETERNA EPOPEYA

Escrito por Jorge Poma

  

No caben dudas que la obtención de la Copa Libertadores de América significó para toda alma Velezana que anduviera por cualquier lugar del planeta, una hazaña que hasta antes de comenzar a “rodarla” significaba casi una utopía para nuestras aspiraciones, al menos en la previa.

Cada 31 de Agosto es el aniversario del quizás segundo logro más importante de la historia futbolera Fortinera, 25 años de una epopeya que aún se recuerda con emoción, con casi las mismas palabras aunque contemporáneas de aquel entonces, Vélez se recostaba con solemnidad, con justicia, con sacrificio, en una mitad del mundo, un mundo al que luego en Diciembre terminaría de abrazar con la obtención de la copa Intercontinental. En aquella década Vélez empezó a construir una muralla colosal de logros deportivos, básado en el orden, la solidez y el oficio, recursos inapelables y engrandecidos por la conformación de un plantel inolvidable y de difícil repetición aunque luego llegaran más epopeyas. Se sobrepasaría las fronteras, Vélez entraba en terreno internacional, con personalidad, por aquel entonces la excitación en cada paso que daba nuestro Vélez, nos producía satisfacción, muchísima felicidad, pero a su vez, nadie podía apartarse de un alerta constante a sabiendas de la complejidad y lo dificultosa que era esta ruta. 

Poco a poco y a medida que se avanzaba, la realidad iba tomando forma, ya no éramos el Vélez ochentoso..no! el reino de las cuatro patas (dirigentes, jugadores, cuerpo técnico y su gente), todos, absolutamente todos nos embarcamos, fusionados, con una sola intención y apuntando hacia una misma meta, lograr un objetivo que insisto, era casi impensado para muchos. Nada menos que junto al Cruzeiro, al Palmeiras y un Boca de estrellas, acompañaban a Vélez en una zona de “suplicio. Pero Vélez sabía lo que quería y como hacer las cosas, supo de entrada como hacer lectura de este torneo, no iba a ser fácil, pero nunca se daría por vencido, junto al emblema que significaba tener jugadores ganadores en todo sentido, se le sumo el poder inmenso de la gente, que peleó contra viento y marea, palmo a palmo, acompañando y alentando en cada final, en cada batalla, como suelen ser estos partidos. Y El Fortín se adueñó del grupo, para sorpresa de algunos y convencimiento para muchos, Vélez ya no era ni sorpresa ni revelación, era toda garantía de efectividad, eficacia, oficio y categoría, casi nada. Llegaría luego esa definición de sagradas epopeyas contra equipos de riqueza inmensa desde lo técnico y funcional, la semifinal contra el Junior de Barranquilla de Valderrama y Valenciano fue una batalla inolvidable, nutrida aún más por esa infartante definición por penales, agónica en dónde el más grande arquero de todos los tiempos rubricó con su ya sublime figura. Nuestro CHILA se erigió como estandarte en esta definición, Vélez estaba en la final de la Copa Libertadores, esperaría a otro titán, el San Pablo.

Ya nada podría reemplazar a esta altura esa sensación indescriptible de coronar un proceso construido a partir del sacrificio, trabajo, humildad y respeto. El Amalfitani se vistió de fiesta para recibir a los brasileños y alrededor de 40.000 almas se congregaron en nuestro estadio, todo era azul y blanco, todo era pasión y emoción, pero también había mucho respeto hacia el rival. El turco Asad marcaría aquel gol gritado desde el alma, pero ahí quedaría la cosa, 1 a 0 y a definir en Brasil. El partido terminó en medio de cierta preocupación por parte de los hinchas a sabiendas que la definición se produciría de visitante y en el legendario Morumbí, Cafú, Raí, Müller y compañía nos esperaban, Tele Santana era puro optimismo, el poderoso SAO PABLO tenía todo servido…¿en serio? Cigarrillos, insomnio, nervios, más y más ansiedad, y vaya a saber cuántas cosas nos pasó a los velezanos en esa espera, en ese lapso de tiempo que transcurrió hasta el 31 de Agosto de 1994.

Aquel día todos amanecimos inquietos, casi con exceso de preparativos fuimos armando el día, minuto a minuto, nos preparamos para escuchar buenos augurios o bien para hacer caso omiso de aquellos que mediante silencios dicen más que las palabras, no podíamos ya ni siquiera esbozar muchos comentarios (a veces me sigo preguntando ¿cómo la pasión puede tanto..). una “horda” descomunal que presentaba el inmenso Morumbí, ese griterío de la torcida penetraba en cada fontanela velezana y hacía estragos.

Era el momento más importante de la historia de Vélez, un estadio que bramaba, plagado de hinchas que actuaban como “ofidios”, algo que realmente imponía respeto. Pero ahí estaba Vélez, con su personalidad, con su chapa bien ganada de equipo “chivo”, ahí estaban esas más de 2.000 almas velezanas que habían cruzado la frontera para desparramar a grito pelado su pasión por Vélez, para representar a los miles y miles que esa noche sufriríamos frente al televisor, ellos se hicieron fuertes también y casi como una alegoría, no se sintieron visitantes ante semejante mundanal, ellos fueron como un oasis en el desierto, fueron un manantial en medio de un palustre, en medio de un pantano, esa “torcida paulista” no aceptaría nunca una derrota ante Vélez, pero el destino manda y la suerte ya estaba echada. Creo que el resto amigo velezano ya fue dicho, fue escrito, filmado, fotografiado.

Un penal que CHILA no pudo detener nos sacudía, el partido se tornaba dramático, la expulsión de Cardozo nos limitaba aún más, cada centro al área de Vélez se sentía como una invasión, todos queríamos rechazar, todos queríamos que se disipe cada ataque brasileño, fue un verdadero suplicio, agobiante. Después de tal descomunal sufrimiento de aquellos interminables 90 minutos, nuevamente los penales definirían la historia, esta vez al campeón. Había preparado mi paquete entero de cigarrillos para el comienzo del partido, solo quedaban 8, 12 cigarrillos en casi 2 horas me habían producido ya cierto malestar, pero ahí estaba nuestro Vélez y poco me importaba el nubarrón plagado de nicotina en mi living y dentro de mí, nuestro equipo estaba a punto de abrazarse a un logro que ya en el seno de cada corazón velezano, no podía escaparse.

Los penales mostraron toda la envergadura de aquellos jugadores, fueron banca, fueron próceres, porque CHILA detuvo el primero e hizo el suyo, porque Almandoz, Zandoná, y Trotta hicieron lo propio y porque el Tito Pompei sentenció el grito más esperado, para que todo sea una locura, para que haya gente desparramada en cada hogar festejando la conquista más preciada, para que las lágrimas inundaran muchos barrios, para que esas almas fortineras en tierras brasileñas se abrazaran a una emoción incontenible, para enmudecer al resto de un estadio que no creía lo que veía y que ya era asunto concluido, el llanto de Almandoz y Cardozo, el grito de Carlos Bianchi lejos del campo de juego, la corrida de Trotta con la bandera argentina, para que los relatores gritaran por Vélez que después de varios años con manos vacías, un equipo argentino se alzaba nuevamente como el mejor de América y la Copa Libertadores volvía al país con domicilio en Juan.B.Justo 9200, para lucirse y mostrarse ante los ojos humedecidos de los velezanos.

Qué más podemos agregar amigo mío, el romance de barrio, que toda una familia gigante se vista de etiqueta, con el Azul y el Blanco a cuestas, la epopeya ya tenía dueño, Vélez tocaba el cielo, 25 años de un recuerdo inolvidable, para los que estuvieron y ya no están, para todos los que vivimos ese momento inolvidable y hoy lo recordamos, para cada fortinero que estuvo y quizás hoy esté en otras tierras, tan lejos pero tan cerca a la vez, qué más podemos agregar, las revistas, la televisión, los diarios, Vélez estaba en la portada de todos los medios, ejemplares de colección para toda la vida, GRANDE VELEZ!!!!! El Vélez de mi alma, de mi vida y que aprendí a amar de chiquito… 25 años no es nada! Aquel Vélez es el que fue, es el de hoy y lo será eternamente.

Nuevamente salud Campeón!

Por Jorge Poma